Hace un par de años me pasaba la vida deseando que mis padres me dejaran solo en casa. Podía hacer lo que me diera la gana sin que nadie me dijera una palabra; en lugar de estudiar me dedicaba a ver la tele, a jugar al ordenador o a perder el tiempo símplemente.

Pero… ¿y si lo que quieres hacer es estar acompañado? Entonces tu condición de dueño de la casa se revela como inconveniente en lugar de ventaja. He invertido la tarde pasando apuntes mientras nadie me vigilaba ni me decía nada, pendiente del móvil… en fin, como dijo el maestro:

“Ten cuidado con lo que deseas; podrías conseguirlo.”